Liars
Liars
Agustín Domecq
¿Qué sensaciones nos despierta el placer? De goce, deleite, disfrute, gusto, etcétera, etcétera. Muchas veces, cuando escuchamos un disco que nos gusta o cae en gracia lo tildamos de placentero. Lo mismo para con una película, libro o comida, si se quiere. Definir placer es fácil. Pero, ¿notaron que diferente es puntualizar su antónimo? Lo placentero y lo agradable, por carácter transitivo, es bueno y lindo. Porque sí. Ahora, lo feo es feo. Punto. No se dice más. Explicar esto requiere de otros sentidos y sentimientos. Sensaciones nada afables y atractivas. Pero qué pasa. ¡peor sería no sentir nada! Si los movilizó, inquietó o molestó es porque algo les llamó la atención. A veces, de esa incomodad, surgen cosas buenas y nuevas. Formas que se desconocían y que jamás se habían experimentado hasta el momento. Y eso es bueno: se llama curiosidad.
Liars es grupo neoyorkino que se formó a comienzos de ésta década y que ya lleva editados cuatro discos. Producciones que tienen poco contacto con el oído más común y amable, sino todo lo contrario. Sus discos son más bien radicales, inquietantes y expeditivos, muy diferentes entre sí; no responden a un patrón único. Sus primeras obras se hallaban dentro del, por ese entonces, denominado after punk, género que elaboraban grupos como Gang of Four y The Pop Group, solo para nombrar y citar algunas de sus influencias más notorias. No fue hasta su tercer disco, Drums Not Dead, donde su sonido se volvió conceptual e inclasificable. Un disco más que áspero, por donde se lo escuche.
Liars es su cuarta placa. Álbum de título homónimo y que nos muestra, si cabe la expresión, su lado más "amable". Difícilmente Liars sea una banda amable, eso está claro. No obstante, con ésta, su cuarta producción, llegan a lugares donde quizá no hubiésemos imaginado. Lejos están del formato canción o la balada Pop, pero su aproximación hacia ciertas ideas del rock bien nos hacen sospechar que éste es quizá su disco más accesible.
La impronta y los cuelgues ala Sonic Youth siguen estando, el fantasma de los Jesús & Mary Chain y The Velvet Underground todavía sobrevuelan las mentes perturbadas de éstos tres neoyorkinos.
Guitarras filosas y estridentes, voces desgarradoras y baterías imperantes son de la partida. A ésta altura ya una marca registrada de los Liars.
Liars puede que no quepa dentro de los parámetros de "disco placentero". Pero seguramente encontrarán un trabajo encantadoramente inquietante. Único.